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PUNTOS CLAVE
1. La rehidratación es una parte importante del proceso de recuperación tras el ejercicio, aunque se ha prestado poca atención a rehidratar adecuadamente para poder rendir en una segunda sesión de ejercicio
2. Se sabe que la deshidratación perjudica el rendimiento en deportes de alta intensidad y de resistencia. Además, cuando se inicia el ejercicio en un estado de deshidratación, el riesgo de padecer una enfermedad por calor aumenta.
3. La rehidratación implica que se recupere el agua perdida, pero la ingesta de solamente agua no es suficiente para llegar al estado de hidratación original. Las bebidas deberían contener niveles moderados de sodio y posiblemente algo de potasio. Al beber grandes cantidades de bebidas sin electrolitos se reduce la osmolalidad del plasma sanguíneo lo que suprime el estímulo para beber y estimula la producción de orina.
4. Para superar la pérdida continua de orina obligatoria, el volumen de líquido consumido debería ser mayor que el volumen de líquido perdido en la sudoración. La palatabilidad (sabor) de las bebidas es un factor importante para estimular a beber.
INTRODUCCIÓN
La decisión de celebrar los Juegos Olímpicos del 1996 en Atlanta (EE.UU.) durante los meses de julio y agosto despertó el interés sobre los problemas de vivir, entrenar y competir en climas calurosos y húmedos. Durante estos dos meses de verano en Atlanta el promedio de temperatura mínima y máxima durante el día es de aproximadamente 21ºC y 31ºC, respectivamente, con una humedad relativa entre el 50 y el 90%. El estrés ambiental debido al calor y a la deshidratación afecta a espectadores, árbitros y atletas. Para muchos atletas que competían en disciplinas al aire libre (en pruebas que duraban más de 20-30 minutos) el rendimiento estaba limitado por las condiciones ambientales. Los resultados de un estudio de laboratorio reciente indican que el tiempo que los atletas resisten pedaleando en un cicloergómetro a una intensidad que pueden mantener durante 92 minutos en una temperatura de 11ºC, se redujo a 83 minutos cuando la temperatura ambiental se elevó a 21ºC y se redujo más aún hasta 51 minutos cuando la temperatura se incrementó hasta los 30ºC (Galloway y Maughan, 1995). En las condiciones ambientales que prevalecen en Atlanta durante el verano, el detrimento en rendimiento podría ser incluso mayor que en el estudio citado.
La estrategia que un atleta usa para enfrentarse al calor y la humedad determina cómo el estrés ambiental afecta su rendimiento. El atleta de éxito está preparado para emplear una estrategia que incluye aclimatación, rehidratación y otras conductas y elementos psicológicos. Las conductas para reducir o prevenir la elevación excesiva de temperatura interna son, entre otras: reposar en lugares con aire acondicionado, calentamiento modificado, y diseño de ropa deportiva adecuada. La aclimatación activa mecanismos termorregulatorios entre otros: el comienzo temprano de la respuesta de sudoración y el incremento en la tasa de sudoración. La sudoración normalmente es un mecanismo eficaz para disipar el calor corporal, pero a veces lo que sucede es que se sustituye el estrés de la hipertermia por el estrés de la deshidratación. La aclimatación al calor incrementa la pérdida de líquido a través del sudor y por lo tanto incrementa, en vez de disminuir, las necesidades de rehidratación.
Muchos atletas que dependen de una categoría de peso como sucede en la lucha libre, el boxeo y la halterofilia compiten en un estado de deshidratación, a pesar de que el médico y fisiólogo no aprueben esta situación. A menudo los entrenadores y atletas consideran que la desventaja que conlleva competir con un déficit de agua corporal está compensada con creces por los beneficios de competir en una categoría de peso por debajo del peso natural del atleta. En estas circunstancias, el optimizar la rehidratación tras la pesada oficial es de crucial importancia.
La deshidratación y la hipertermia asociada a ella son dos factores principales entre los factores limitantes de la capacidad de realizar ejercicio. Durante el ejercicio prolongado, cuando las condiciones ambientales de calor y humedad son altas, la deshidratación progresiva parece inevitable, puesto que la ingesta de líquido normalmente no logra igualar las pérdidas de líquido por sudoración. El perjuicio en el rendimiento deportivo se acentúa si el atleta comienza el ejercicio en estado de deshidratación. Incluso en las pruebas de poca duración donde hay poca pérdida de agua corporal por sudoración, el rendimiento se perjudica si el atleta no está completamente hidratado antes de comenzar el ejercicio (Sawka y Pandolf, 1990). Hay, sin embargo, varias situaciones frecuentes en las que es difícil para los atletas conseguir la hidratación completa. Específicamente estas situaciones son:
1. Competiciones en condiciones ambientales de calor o donde por su duración existen grandes pérdidas de líquido a través del sudor.
2. Cuando en el mismo día se realizan más de una competición o sesión de entrenamiento.
3. Disciplinas deportivas donde se compite por categoría de peso y el atleta se deshidrata de manera voluntaria para dar el peso.
El agua corporal de las personas sanas se mantiene estable diariamente gracias a varios mecanismos que controlan el ingreso y pérdidas de agua y electrolitos. La vasopresina y el sistema renina-angiotensina-aldosterona son los mecanismos de control hormonal que mantienen la osmolalidad, el contenido de sodio y el volumen del líquido extracelular, y juegan un papel importante en la regulación del equilibrio hídrico. Hay una pérdida continua de agua a través de la piel y del tracto respiratorio superior, y también por pérdidas intermitentes de agua a través de los riñones y el tracto gastrointestinal. Los riñones, bajo control hormonal, incrementan la excreción de agua y soluto por encima de las excreciones de orina obligatorias cuando es necesario. El ingreso de agua se da en forma de comida o bebida, siendo la sensación de sed el factor principal que regula este ingreso. En el hombre el ingreso diario de líquido normalmente excede sus necesidades y el equilibrio hídrico se restablece mediante la pérdida de agua a través de la orina (Engell y Hirsch, 1991), pero si las pérdidas de agua se elevaran de forma aguda y la respuesta de sed a esta pérdida se retrasase se produciría la deshidratación.
El ejercicio en un ambiente caluroso viene acompañado de una pérdida significativa de agua a través del sudor para limitar el incremento en la temperatura interna que de otro modo ocurriría. Cuando el calor y la humedad son altos, se eleva el flujo de agua corporal (ingreso y pérdida), incluso en personas con un estilo de vida sedentario. Las personas sedentarias que viven en un clima templado tienen normalmente la necesidad de ingerir alrededor de 2 litros de líquido, necesidad que en un clima caluroso y húmedo puede subir hasta 4-6 litros. En el atleta que entrena intensamente durante 2-3 horas al día en un ambiente caluroso puede alcanzar un flujo de agua corporal de 5 a 10 litros, y se han publicado requerimientos de hasta 15 a 18 litros por día en situaciones muy extremas. Hay dificultades de tipo práctico para satisfacer una demanda de líquido tan alta. Durante los primeros días de exposición a un ambiente caluroso los atletas de países con climas cálidos tienen dificultades para incrementar la ingesta de líquido lo suficiente como para poder igualar la pérdida; y, probablemente, están en una situación de hipohidratación crónica hasta que se restablece el equilibrio.
Durante el ejercicio intenso en el calor las pérdidas de agua corporal por sudoración pueden llegar a ser de 2 a 3 litros por hora. Incluso en climas templados, las pérdidas por sudor podrían ser mayores de lo que los atletas perciben. Por ejemplo, en partidos de fútbol que se juegan en ambientes relativamente fríos (alrededor de 10ºC) las pérdidas de líquido por sudoración pueden llegar a los 2 litros en un partido de 90 minutos (Maughan y Leiper, 1994).
El agua pura no es la mejor bebida a consumir tras el ejercicio para recuperar la pérdidas de agua por sudoración (Costill y Sparks, 1973; González-Alonso y cols., 1992; Nose y cols., 1988); puesto que para que la rehidratación sea eficaz la recuperación de electrolitos es tan importante como la del agua. El sodio es el ión de carga positiva que más se pierde en el sudor, aunque también es el ión más abundante disuelto en el fluido extracelular. Como el sodio es el principal ión extracelular, su ingesta es fundamental para una rehidratación eficaz. Si se ingieren suficientes cantidades de sodio y agua, la osmolalidad y la concentración de sodio en el plasma no se reducen como sucede cuando se rehidrata bebiendo solamente agua. Como consecuencia, los niveles plasmáticos de vasopresina y aldosterona se mantienen y no se produce el exceso de orina que (a pesar del déficit hídrico) tendría lugar si se bebe agua. Además, si no hay limitaciones en la cantidad a beber, se puede preservar el estimulo para beber y asegurar que la cantidad consumida sea suficiente porque se mantienen la osmolalidad y la concentración de sodio en el plasma. El potasio es el ión más prevalente en el fluido intracelular y su excreción en el sudor es pequeña en comparación a las cantidades que el cuerpo posee. No obstante, Nadel y cols., (1990) sugirieron que la incorporación de potasio en las bebidas a consumir tras el ejercicio podría mejorar la rehidratación mediante una mayor conservación de agua en el fluido intracelular.
En una serie de estudios hemos evaluado las estrategias para conseguir una rehidratación eficaz tras el ejercicio como preparación para una segunda sesión de ejercicio, ya sea entrenamiento o competición. Se ha estudiado cómo la composición de la bebida -con atención principal al contenido en electrolitos-, la cantidad bebida, la ingesta conjunta de comida y bebida, y el alcohol en la bebida influyen en la rehidratación. En un estudio en el cual la cantidad de bebida ingerida fue voluntaria se observaron las interacciones entre la palatabilidad y el contenido de electrolitos de varias bebidas rehidratantes. Asimismo, se estudió la posibilidad de que las bebidas de rehidratación para después del ejercicio tuvieran que ser especiales para adaptarse a las distintas fases del ciclo menstrual.
EFECTOS DE LA COMPOSICIÓN DE LA BEBIDA
Para estudiar el efecto del contenido de sodio en una bebida se escogieron seis hombres voluntarios, en ayunas e hidratados, haciendo que realizasen ejercicio físico hasta perder un 1,9% de masa corporal por sudoración (Maughan y Leiper, 1995). Treinta minutos después del ejercicio que provocó ese déficit, los voluntarios consumieron en un plazo de media hora varias bebidas con concentraciones de 2, 26, 52 y 100 mmol/L de sodio. Para poner estas concentraciones en contexto, la mayoría de los refrescos contienen menos de 2-3 mmol/L de sodio, las bebidas deportivas normalmente contienen de 20 a 25 mmol/L de sodio, aunque algunas sólo contienen de 10 a 12 mmol/L; los sueros orales utilizados para el tratamiento de la diarrea en niños normalmente contienen de 50 a 80 mmol/L, y la concentración de sodio en el plasma sanguíneo es normalmente de 138 a 142 mmol/L. La cantidad de líquido ingerido en cada prueba fue de 1,5 veces la cantidad de líquido perdido durante el ejercicio, que fue aproximadamente de 2 litros.
Se recogió toda la orina excretada durante las 5,5 horas que siguieron a la ingesta de bebida y se midió su volumen (no se permitió el consumo de ninguna otra bebida o comida tras los 30 minutos de rehidratación). Durante el periodo de 5,5 horas de recuperación hubo una pérdida de agua continuada, puesto que los riñones siguen formando orina. Si esas pérdidas son grandes caeremos de nuevo en el estado de hipohidratación. La rehidratación es eficaz solamente sí el líquido que se bebe es conservado por el cuerpo.
Los resultados de este estudio demuestran que la cantidad de sodio ingerido en la bebida influyó en la cantidad de orina producida en las horas posteriores a la rehidratación. La producción de orina fue mayor con la bebida rehidratante de menor concentración de sodio y la producción fue menor con la bebida con 100 mmol de sodio por litro. Considerando que los atletas normalmente no beben mucho durante los entrenamientos y competiciones, la diferencia en el equilibrio hídrico entre rehidratar con una bebida con alta o baja concentración de sodio es considerable, y en este estudio fue de 787 mililitros al final del periodo de rehidratación.
El mantenimiento del volumen de plasma es importante para la capacidad de hacer ejercicio y para regular la temperatura corporal. En este experimento se obtuvieron muestras de sangre antes y media hora después del periodo de deshidratación (es decir, justo antes de que se comenzase a beber) y a intervalos regulares durante las 5,5 horas del periodo de rehidratación. El volumen plasmático (calculado según Dill y Costill, 1974) disminuyó (aproximadamente un 4%) con la deshidratación pero se incrementó durante el periodo de rehidratación con todas las bebidas rehidratantes. El incremento en el volumen plasmático fue más lento con la bebida que contenía 2 mmol/L de sodio que subió un 6,8% tras 1,5 horas del periodo de rehidratación, mientras que con las bebidas de 52 y 100 mmol/L de sodio la expansión en el plasma en el mismo periodo de tiempo fue de 12,4% y 12% respectivamente. Tras las 5,5 horas del periodo de rehidratación el volumen plasmático recuperado era el mismo independientemente de la bebida utilizada, aunque existió una tendencia a que el volumen plasmático final estuviera correlacionado positivamente con la concentración de sodio en la bebida.
En un segundo estudio diseñado para investigar el papel del sodio y del potasio en las bebidas de rehidratación, ocho hombres accedieron a deshidratarse, perdiendo un 2,1% de su peso mediante la realización de pedaleo intermitente en un ambiente caluroso (Maughan y col., 1994). Los hombres ingirieron en una ocasión una bebida que contenía 1,5% de glucosa (90 mmol/L), en otra ocasión una bebida que contenía sodio (60 mmol/L de NaCl), en otra una bebida que contenía potasio (25 mmol/L de KCl), o una bebida que contenía todo lo anterior, es decir: glucosa, sodio y potasio. Las bebidas se consumieron durante 30 minutos comenzando 45 minutos después de haber finalizado el ejercicio y el volumen ingerido fue el mismo que el sudor perdido. La cantidad de bebida fue por lo tanto de 1,6 litros y no se permitió la ingesta de otra comida o bebida durante el estudio. Se recogió toda la orina excretada durante seis horas desde el final del periodo de rehidratación. Se produjo menos orina cuando la bebida de rehidratación utilizada contenía electrolitos en comparación a las bebidas que no contenían electrolitos.
Con el ejercicio en el calor se consiguió en todas las pruebas una reducción de 4,4% en el volumen plasmático. Tras la rehidratación, el volumen plasmático se incrementó en todas las pruebas, pero el ritmo de recuperación del plasma fue más lento con la bebida de KCl. Sin embargo, 6 horas tras el periodo de rehidratación, el incremento en volumen plasmático no era diferente entre las distintas bebidas, siendo como promedio del 7 al 9%. Con las bebidas que contenían electrolitos no hubo diferencias en el porcentaje de bebida retenida (volumen ingerido menos el excretado en orina y sudor) 6 horas tras la rehidratación, a pesar de que contenían diferente concentración de electrolitos. No obstante, pudiera ser que debido a que el volumen bebido era igual al volumen de sudor perdido los sujetos del estudio estuviesen deshidratados durante el estudio a pesar de haber bebido. La producción de orina se redujo cuando la bebida rehidratante contenía sodio y cuando contenía potasio, pero cuando se combinaron el sodio y potasio en la misma bebida no fue posible reducir más la producción de orina.
VOLUMEN DE LÍQUIDO CONSUMIDO
Debido a que la producción obligatoria de orina persiste incluso cuando un atleta está deshidratado, la cantidad de bebida a consumir tras haber sudado debido al ejercicio o calor debe ser mayor que el volumen de sudor perdido, para poder devolver el equilibrio hídrico al cuerpo. Con el objeto de estudiar la influencia del volumen de bebida en la eficacia de la rehidratación, doce hombres realizaron ejercicio intermitente en el calor hasta que perdieron por sudoración un 2,1% de su peso original (Shirreffs y cols., 1996). En un espacio de 60 minutos, se consumieron volúmenes de bebida equivalentes al 50%, 100%, 150% y 200% del volumen de líquido perdido a través del sudor, comenzando 30 minutos tras el ejercicio . Seis de los hombres consumieron una bebida relativamente baja en sodio (23 mmol/L) y seis ingirieron una bebida moderadamente alta en sodio (61 mmol/L) con el fin de estudiar la interacción entre el volumen ingerido y el contenido en sodio de una bebida. Al igual que en los otros experimentos no se permitió la ingesta de otra comida o bebida que no fuera la experimental y se recogió toda la orina producida durante las seis horas que siguieron a la ingestión de la bebida.
Con ambas concentraciones de sodio la producción de orina estuvo determinada por el volumen bebido, siendo la producción menor con la bebida que reemplazaba el 50% del volumen sudado y mayor con aquélla que reemplazaba el 200%. Debido a que en cada prueba se bebieron distintos volúmenes, el cálculo del balance hídrico en comparación a la situación de hidratación previa al ejercicio es una mejor comparación que la que nos daría la producción de orina. Con la deshidratación se provocó un equilibrio hídrico negativo (pérdida de peso debido al sudor) y con la posterior bebida el equilibrio pasó a ser positivo (recuperación del peso) solamente cuando el volumen bebido fue mayor que el volumen de sudor perdido. Por ejemplo, cuando se consumió la bebida que reemplazaba el 50% del volumen sudado los individuos permanecían deshidratados a pesar de haber bebido. Cuando se consumió la bebida que reemplazaba el 100% del volumen sudado los individuos no alcanzaron el estado de equilibrio hídrico (nivel de hidratación inicial), pero estuvieron más cerca cuando la bebida tenía el contenido más alto de sodio. Cuando se bebió la bebida con bajo contenido de sodio y el volumen ingerido fue el 200% de lo que se sudaba, los sujetos estaban aún algo deshidratados 6 horas tras la rehidratación. Con la bebida alta en sodio y con volúmenes de 150 y 200% de lo sudado, los sujetos conservaron suficiente líquido y se mantuvieron en un balance hídrico positivo (hiperhidratación) seis horas tras la rehidratación.
El volumen plasmático se redujo un 5,3% con la deshidratación. Seis horas tras la rehidratación el patrón de recuperación del volumen plasmático, independientemente de qué bebida se ingirió, estuvo en función del volumen de líquido consumido, aunque el incremento tendió a ser mayor con las bebidas de alta concentración de sodio.
CONSUMO DE COMIDA Y LÍQUIDO
En algunas situaciones existe la oportunidad de consumir comida sólida entre entrenamientos, y en la mayoría de las ocasiones deberíamos alentar esta práctica siempre que no produzca trastornos estomacales o intestinales. Para estudiar el papel de la ingesta de comida en la rehidratación, se deshidrató a ocho voluntarios (5 hombres y 3 mujeres) hasta que redujeron en un 2,1% su peso corporal mediante el ejercicio. Tras 30 minutos de reposo y durante 60 minutos consumieron o una comida sólida con agua edulcorada, o una bebida con electrolitos (Maughan y cols., 1996ª); el volumen de bebida en la prueba de comida más agua fue igual al volumen de la bebida con electrolitos. En ambas pruebas se recogió la orina durante las seis horas que siguieron a la ingestión.
El volumen de orina recogido tras la ingesta de comida y agua fue menor que el recogido con la bebida con electrolitos. El volumen plasmático se redujo un 5,4% con la deshidratación en todas las pruebas y la ingesta de comida y agua lo elevó (11,7±0,7%), tanto como la ingesta de la bebida con electrolitos (13,2±1,5%). Aunque la cantidad de líquido ingerida en ambas pruebas era la misma, la comida tenía un mayor contenido de electrolitos que el que se puso en la bebida. Por lo tanto, parece muy probable que la eficacia en la recuperación del equilibrio hídrico de la comida más agua fue debido al mayor contenido de sodio, potasio y otros cationes.
CONSUMO DE ALCOHOL
Debido a los conocidos efectos diuréticos del alcohol y la cafeína, normalmente no se recomienda ingerir bebidas que contengan estas sustancias cuando la rehidratación es una prioridad. Sin embargo, mucha gente habitualmente consume estas bebidas, y cuando se necesita que se beban grandes cantidades en poco tiempo, el hecho de que la elección de bebidas sea amplia puede estimular a beber más. En muchos deportes, especialmente en los deportes de equipo, el consumo de alcohol es parte de la cultura del deporte, y los deportistas se resisten a las sugerencias de abstinencia total de alcohol. En vista de esta situación, estudiamos el efecto de consumir alcohol tras una deshidratación del 2% de pérdida de agua corporal inducida por el ejercicio en el calor (Shirreffs y Maughan, 1995, 1996). Empezando tras 30 minutos de reposo y durante 60 minutos, los sujetos de este estudio consumieron cerveza shandy (una bebida británica que es una mezcla de limonada y cerveza) en cantidades equivalentes al 150% del volumen de líquido perdido a través del sudor. Las bebidas contenían 0%, 1%, 2 % o 4% de alcohol, pero en todo lo demás eran similares en cuanto a su composición.
La cantidad de orina producida durante las seis horas que siguieron a la rehidratación se incrementó con el aumento en la cantidad de alcohol en las bebidas, aunque la tendencia sólo se aproximó a los niveles de relevancia estadística con la bebida del 4% de contenido de alcohol. En todas las pruebas la deshidratación provocó una reducción en volumen plasmático de 7,6%. Con la rehidratación el volumen plasmático se expandió en función a la cantidad de alcohol en las bebidas, así el volumen se incrementó en un 8,1±1,3% con la bebida de 0% de alcohol, 7,4±1,1% con la de 1% de alcohol, 6,0±1,4% con la de 2% de alcohol y 5,3±1,4% con la bebida de 4% de contenido de alcohol.
INGESTA VOLUNTARIA DE BEBIDA
En los estudios citados anteriormente se consumía una cantidad de bebida fijada de antemano y la misma en todas las pruebas de un mismo experimento. En la práctica, la cantidad bebida estará influenciada por la relación entre factores fisiológicos y psicológicos. En un estudio se examinaron cómo la palatabilidad y el contenido de soluto de una bebida afectaban la eficacia rehidratante de una bebida ingerida después de una deshidratación por sudoración. Ocho hombres realizaron ejercicio en un ambiente caluroso hasta que perdieron 2,1% de su peso corporal por sudoración (Maughan y Leiper, 1993). Durante las 2 horas siguientes se permitió beber a los sujetos tanto como deseasen de una de las bebidas experimentales en cada prueba: un suero fisiológico de rehidratación oral, agua con gas, una bebida deportiva comercial y una mezcla de zumo de naranja y limonada.
Los sujetos del estudio bebieron mayores cantidades de la bebida deportiva y de la mezcla de zumo de naranja y limonada, lo cual indicó que éstas fueron las preferidas en cuanto al sabor. Tras el ejercicio los sujetos se encontraban en una situación de déficit hídrico y tras la rehidratación con cualquiera de las bebidas pasaron a un superávit hídrico. La producción de orina fue mayor con las bebidas bajas en electrolitos, consumidas en gran cantidad, y fue menor con el suero fisiológico de rehidratación oral. Los resultados de este estudio demuestran la importancia de la palatabilidad para incitar al consumo de la bebida, pero también confirman estudios previos que mostraron que un contenido moderado de electrolitos es necesario si deseamos que la bebida sea conservada y permanezca en el cuerpo.
EFECTOS DEL CICLO MENSTRUAL — PREOCUPACIÓN EN LAS ATLETAS
Las mujeres notan que existe una retención de agua corporal durante el ciclo menstrual, lo cual es debido a la variación cíclica en la secreción de las hormonas esteroides. Es posible, pues, que las distintas fases del ciclo tengan un efecto agudo en la recuperación del equilibrio hídrico tras el ejercicio, que provoca la pérdida de agua corporal por sudoración. Para estudiarlo, cinco mujeres con ciclos menstruales normales realizaron ejercicio en un ambiente caluroso hasta que se deshidrataron, perdiendo un 1,8% de su peso corporal (Maughan y cols., 1996b). Realizaron esta deshidratación en tres fases diferentes de su ciclo menstrual (2 días antes, 5 días después y 19 días después del comienzo de la menstruación). Comenzando 30 minutos tras el ejercicio y durante 60 minutos, bebieron la misma cantidad de la misma bebida en todas las ocasiones. La cantidad consumida fue del 150% del volumen perdido a través de la sudoración, y el tipo de bebida utilizada fue una bebida deportiva. Se recogió toda la orina producida durante las seis horas posteriores a la ingesta de la bebida. Las diferentes fases del ciclo menstrual no afectaron a la producción de orina (conservación del líquido bebido) que fue similar en todas las pruebas. Estos resultados sugieren que el ciclo menstrual no afecta a la recuperación oral rápida del equilibrio hídrico tras la deshidratación mediante ejercicio en el calor. Por lo tanto, las mujeres no parecen estar en una situación de desventaja en comparación con los hombres en cuanto a la recuperación oral del líquido perdido en el ejercicio.
CONCLUSIONES
La recuperación completa del equilibrio hídrico después del ejercicio es una parte importante del proceso de recuperación, y es primordial en condiciones ambientales de calor y humedad. Si con poca recuperación se tiene que realizar una segunda sesión de ejercicio, la velocidad y eficacia de la rehidratación es crucial. La rehidratación tras el ejercicio debe de recuperar no solamente el volumen de líquido, sino también los electrolitos, principalmente el sodio, perdidos en el sudor. La composición de electrolitos en el sudor varía mucho dependiendo del individuo, y, aunque teóricamente sería bueno igualar las pérdidas con el aporte en las bebidas rehidratantes, esto es prácticamente imposible en la práctica. Asumiendo que la cantidad de bebida ingerida es suficiente y que la función renal no está limitada, el posible exceso de sodio ingerido se excretaría en la orina por la tendencia al equilibrio de la función renal.
Cuando las pérdidas de sudor son grandes las pérdidas de sodio corporal también lo son. Diez litros de sudor con una concentración de 50 mmol/L tiene como resultado una pérdida de 29 gramos de cloruro sódico. En estas situaciones, un incremento moderado de ingesta de sal sería beneficioso para la recuperación del equilibrio hídrico. Este incremento no tiene un efecto perjudicial en la salud, siempre y cuando se beba más de lo que se sudó y que la función renal sea normal en ese individuo.
Los resultados de numerosos estudios claramente indican que la rehidratación completa tras el ejercicio sólo se alcanza si se recuperan tanto el agua como los electrolitos perdidos. Los sueros orales rehidratantes (SOR), recomendados por la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento de la diarrea aguda, tienen concentraciones de sodio de 60 a 90 mmol/L (Farthing, 1994), lo cual evidencia las pérdidas de sodio tan altas que tienen lugar con algunos tipos de diarrea. Sin embargo, el contenido de sodio de la mayoría de las bebidas deportivas está en el rango de 10 a 25 mmol/L (Maughan, 1991), y en algunos casos por debajo de este rango. La mayoría de los refrescos no contienen sodio y, por lo tanto, son inadecuados cuando las necesidades de rehidratación son cruciales. El problema que plantea una bebida con un contenido alto de sodio es que a algunas personas no les gusta el sabor y reducen su consumo voluntario. En el otro extremo, las bebidas con un contenido demasiado bajo en sodio son ineficaces para conservar lo ingerido y no mantienen el estímulo para beber.
Para rehidratar, no se requiere añadir a la bebida substratos energéticos, aunque introducir una pequeña cantidad de carbohidratos podría acelerar el transporte de sodio y de agua en el intestino y asimismo mejorar el sabor de la bebida. Cuando hay grandes pérdidas de líquido por sudoración, rehidratar con bebidas que contengan carbohidratos puede desestabilizar el equilibrio calórico. Por ejemplo: 10 litros de refresco aportan 1000 gramos de carbohidrato, lo que es aproximadamente 4000 kilocalorias. La cantidad de bebida ingerida ha de ser mayor que la cantidad de sudor perdido para compensar por las pérdidas obligatorias de orina, y, por lo tanto, la palatabilidad es muy importante cuando se tienen que beber grandes cantidades. Aunque el agua pura no es una bebida óptima para la rehidratación, si se consume con comida se puede llegar a recuperar los electrolitos perdidos en el sudor. No obstante, hay muchas situaciones deportivas donde se evita la ingesta de comida sólida. Esto es particularmente cierto en los deportes de categoría de peso donde hay poco tiempo entre la pesada y la competición, o en los deportes donde solamente hay unas horas entre tandas de competición. En estas circunstancias, es especialmente importante que la bebida a consumir contenga electrolitos. La necesidad de consumir líquido y electrolitos en cantidades adecuadas es también importante en situaciones de la vida real donde hay una exposición constante al calor ambiental, la cual aumenta los requerimientos de líquido más allá de lo observado en los estudios de laboratorio. |